Lesiones de CV: HERNIAS VS PROTUSIONES.

La columna vertebral está formada por 7 vértebras cervicales, 12 vértebras dorsales, 5 lumbares, sacro y coxis. Entre ellas se encuentran los discos intervertebrales, los cuales ayudan a la hora de absorber la carga y permiten cierta movilidad entre vértebras.

Con los años y/o los esfuerzos, el anillo fibroso de los discos intervertebrales pierde elasticidad y resistencia. En este estado, su núcleo pulposo puede desplazarse del centro del disco dando lugar a una hernia o protrusión discal. Las más habituales se producen entre L4 L5 y entre L5 S1 (lumbares); aunque también son frecuentes entre C5 C6 y C6 C7 (cervicales).

La protusión discal, es el paso previo a una hernia discal. El anillo fibroso pierde parte de sus propiedades y es deformado por la presión del núcleo pulposo, pero no llega a romper ni a desestructurarse del todo. No siempre acaba convirtiéndose en una hernia, además, tampoco tiene por qué ser origen de dolor o sintomatología. Gran parte de las personas presentan alteraciones de este tipo en su columna y no por ello existe sintomatología.

La sintomatología generada por una protusión suele ser principalmente a nivel local, normalmente está acompañada por un aumento de tono muscular a modo de protección en dicha zona. Cuando llega a oprimir una raíz o rama nerviosa puede originar dolor referido en el territorio de inervación del nervio afectado. Su tratamiento es conservador, en función de la sintomatología, el tratamiento con fisioterapia, fármacos, cambios en los hábitos de vida o el ejercicio físico pueden ser muy buenas herramientas para aliviar el dolor.

En el caso de la hernia discal, el disco sufre una mayor deformación y el núcleo pulposo se desplaza. En función de la dirección en la que lo haga puede comprimir unas estructuras u otras. Lo más común es que oprima la raíz nerviosa correspondiente al nivel vertebral afectado, originando un dolor radicular en el territorio de inervación del nervio afectado.

Al igual que en el caso de las protusiones, una hernia no siempre tiene por qué ser fuente de dolor. Cuando es sintomática, en la mayor parte de las ocasiones el tratamiento es conservador, sin embargo, cuando el dolor llega a unos niveles extremos o nos genera impotencia funcional (pérdida de fuerza o sensibilidad) la solución será la intervención quirúrgica.

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